La sociedad actual está basada indudablemente en el consumismo, es decir, en la proyección de nuestra vida no tanto sobre construcciones sociales o sobre espacios cuanto sobre un número siempre creciente de objetos. Esto no la hace, en sí misma, ni mejor ni peor que otros modos de sociedad; pero es evidente que la arquitectura actual, de tradición anterior, no está adaptada en absoluto a ella. Que la vivienda actual es completamente inadecuada para su función queda patente al ver la proliferación y rápda colmatación de los cuartos trasteros, internos y externos.

Actualmente existe un escaso interés, por lo tanto, por el espacio en la vivienda salvo en la medida en que sirve para albergar un número determinado de elementos. Proponemos, por lo tanto, que sean estos objetos, directamente, los que construyan el espacio de la vivienda, a modo de ladrillos de esta.

Dos referencias: en primer lugar el iglú, construido rápidamente con los materiales disponibles en la proximidad, como se refleja en el documental “Nanook of the North” (1922). No abusaremos de la analogía con este, puesto que no nos interesa de él la condición de refugio provisional, aunque sí la producción a partir del material inmediato, el hielo.

Análogamente al iglú, los “trulli” de Alberobello están construidos en seco con piedras de la zona. Según la leyenda, podían ser desmontados ante la llegada del recaudador de impuestos, y vueltos a levantar después.

En nuestro caso, emplearemos como materia para la construcción los elementos más inmediatamente disponibles al urbanita contemporáneo, que son los objetos de consumo. Una sencilla malla metálica con acoplamientos permitirá enganchar cualquier pieza entre sí, y apliarlas hasta formar con ellas exactamente el espacio que necesitemos, que podrá crecer según se vayan adquiriendo nuevos productos. La retirada de alguno de ellos no será problemática ya que la malla en su sitio y el resto de los objetos alrededor seguirán soportando la estructura.

Si hoy en día las viviendas son insuficientemente grandes para albergar todo lo que poseemos, la vivienda construida a partir de las posesiones será al menos tan grande como las actuales, y en absoluto infravivenda o provisional. La segunda parte del sistema, unos sencillos rollos de espuma elastomérica trasdosada con lámina asfáltica, nos permitirá proteger la estructura al exterior.

El sistema no excluye, en principio, ningún grupo que lo habite; individual, familiar o comunal, particionado o diáfano, todos son viables.

El espacio urbano generado por el sistema es mayormente irrelevante; puesto que hoy en día se tiende a confinar el espacio público, a la manera clásica árabe, en locales, reduciendo el espacio abierto a la vía de paso, bastará con instalar dichos locales en los puntos adecuados para que el sistema funcione.