aracnocósmico

Un concierto aracnocósmico
Saraceno alojó a 7.000 Parawixia bistriata, una de las pocas subespecies sociales que forman colonias cooperativas, para que durante seis meses tejieran sus redes en la gran sala y, una vez devueltas a su lugar de origen, ofrecieran una muestra visible de la sabiduría práctica con que han sobrevivido en el planeta 140 millones de años: juntas pueden montarse en la brisa para desplegar hilos estructurales de más de 10 metros, tejer sus fibras de seda delgadas como una millonésima del espacio que dominan, capturar una presa de mayor tamaño y guiarse por las vibraciones en la red de sus hermanas. Las arañas son las indiscutidas coautoras de la obra, y el resultado, una versión inédita del “ready made asistido”, de una belleza que corta el aliento y pone el pensamiento en marcha. La presencia del artista se insinúa apenas en unas guías casi invisibles y el arte se redefine en el gesto. Un acto de hospitalidad, diría otro filósofo, no puede ser sino poético.
El ingeniero, científico y artista construye grandes criaturas capaces de caminar usando la fuerza del viento. Fusión de arte e ingeniería, sus esculturas cinéticas cobran vida a través de complejas estructuras compuestas de tubos y botellas de plástico.

El mar no hace más que subir, y esto amenaza con hacer retroceder los límites de nuestra tierra hasta donde estuvieron en el medievo. Y todos sabemos que en ese minúsculo trocito que nos va a quedar poco podremos hacer. Por tanto, la gran cuestión es: ¿cómo hacer llegar más granitos de arena a nuestras dunas? Sería fantástico si tuviéramos unos animales que removieran la arena de nuestras playas, que la arrojaran al aire, para que, a continuación, el viento se encargara de llevarla hasta las dunas”. (Correplayas, por Theo Jansen)